sábado, 27 de mayo de 2017

Trata de blanca en Internet y redes sociales

En México existen más de 16 mil niños y adolescentes sometidos a esclavitud sexual, de los cuales un número importante fue enganchado a través de internet.
Este medio le resulta muy conveniente al traficante por las facilidades que brinda, por ejemplo, la accesibilidad, la posibilidad de hacerse pasar por otra persona, de conocer gente de cualquier lugar del mundo y de interactuar con varias personas a la vez valiéndose del anonimato.
Para capturar a sus víctimas, los tratantes utilizan las redes sociales, chats, buscadores de pareja y ofertas de trabajo en falsas agencias de modelos, por ejemplo, que les permiten obtener información para después contactarlas y posteriormente atraparlas y someterlas al tráfico ilegal de personas.
Los explotadores también usan la red para ofrecer al público como mercancía a las personas captadas, difundir y comercializar los materiales derivados de la trata, como la pornografía. Además, los pederastas y turistas sexuales utilizan internet para planear o concertar encuentros sexuales con personas que son explotadas.
De este modo, Internet ha pasado a formar parte del proceso de la trata por lo que se insiste, sobre todo a padres de familia y a adolescentes ser cautelosos ya sea con la supervisión para los primeros y el manejo de información y contactos con los segundos.

lunes, 22 de mayo de 2017

"La confundieron con una prostituta por ser negra"

Mónica Valeria es una brasileña de 47 años, vive en Brasilia donde trabaja como asesora de Justicia y está casada con un juez.
Mónica forma parte del 1% más rico del país, vive en un barrio privilegiado y es negra, lo que hace que en ocasiones sea la única no sirviente de los ambientes que frecuenta.
Al acompañar a su marido a eventos sociales la confunden con su secretaria y en el ámbito académico con una persona de la limpieza.
Foto: archivo personal

Aunque esto no es grato, la confusión que marcó su vida se dio cuando ella tenía 22 años, al pasar la luna de miel en Fortaleza.
Su marido y ella se habían hospedado en un hotel de lujo, fueron a dar un paseo por la playa y entonces un hombre se le acercó y tocó su cuerpo abiertamente. Ella se asustó y gritó, el hombre se disculpó diciendo que pensaba estaba con un hombre blanco trabajando como prostituta, cuenta Mónica.
Para que Mónica pudiera ascender socialmente tuvo que superar varios obstáculos. Durante toda su vida tuvo que demostrar que era buena en todo lo que hacía, hasta que se acostumbró a ello, de lo contrario corría el riego de ser juzgada tanto por la calidad de su trabajo como por el color de su piel. “Soy doblemente juzgada", afirma.
Su posición social en ocasiones suaviza la situación, pero en otras la discriminación termina ganando la batalla.
Emerson Rocha, sociológo e investigador de la Universidad de Brasilia explica que una persona negra es vista como un “cuerpo extraño”. En Brasil, “cuando un negro pasa a ejercer funciones más privilegiadas o a frecuentar espacios de élite, se convierte en algo inusual, y hay una extrañeza en la sociedad que, a menudo, se transforma en actitudes racistas, más o menos agresivas".
El sociólogo comenta que las mujeres negras suelen casarse menos que las blancas y cuando son ricas o tienen un alto nivel educativo, no suelen casarse y cuando lo hacen es con hombres de un estatus social más bajo, sean blancos o negros.


A Mónica le preocupa el futuro, es madre de una niña de 8 años y le gustaría que la sociedad fuera más igualitaria. Su hija, Leticia, estudia en una escuela privada, tradicional y bilingüe, donde también es una excepción. "Hay más de 200 niños, pero sólo dos negros: mi hija y otra niña, que es hija de una empleada", cuenta Mónica.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Trata de personas, a sus anchas en México

La trata de personas es el tercer negocio ilícito más lucrativo del mundo. Por encima de él sólo figuran el tráfico de drogas y el tráfico de armas. Según estimaciones del Foro de Viena para Combatir la Trata de Personas, este delito genera ganancias anuales por 36 mil millones de dólares.
Más allá de los dineros que se embolsan los integrantes de la delincuencia organizada que participan en este tráfico y venta de niños, mujeres y hombres, el saldo social y el drama humano son incuantificables. Cómo se recupera y se reconcilia con la sociedad un niño que ha sido sometido a explotación sexual y laboral; una mujer reducida al silencio y a la servidumbre por lustros; un joven esclavizado para realizar trabajos forzados… Centenas de miles por todo el mundo hoy están padeciendo la más absoluta de las explotaciones. Y ni siquiera sabemos cuántos, víctimas de este tipo de delitos, han sucumbido en el último decenio y antes de morir sólo pudieron ver el rostro impune de sus verdugos. Para decirlo con el brillante anarquista, abogado y criminólogo de finales del siglo XIX y principios del XX Pietro Gori: “…nobles existencias oscuras, extinguidas después de dolores sin consuelo, con los músculos exprimidos de toda fuerza y vitalidad…”.
Sin embargo, en México la indolencia de las autoridades ante este fenómeno supera cualquier presentimiento. Prácticamente no se hace nada desde la prevención, la sanción y la erradicación de este delito (como si no abundaran los casos en este país –documentados en investigaciones académicas y periodísticas–, que se cuentan por miles en la Ciudad de México, Tlaxcala, Nuevo León, Quintana Roo y Baja California, por sólo mencionar a cinco de las entidades de la República con casos probados).
La principal dependencia encargada de perseguir este delito, de carácter federal, es la Procuraduría General de la República (PGR). Y esta oficina, cuyo presupuesto anual ronda los 20 mil millones de pesos, ni siquiera ha consolidado una política para la prevención, la investigación y la persecución en materia de trata de personas.
Por ello, su trabajo no contribuye a la disminución de la ocurrencia de este tipo de delitos. La conclusión es de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). El máximo órgano de fiscalización del país, en su dictamen de la auditoría de desempeño practicada a la PGR, es contundente: la Procuraduría “no acreditó los resultados de su participación en la prevención, atención y procuración de justicia en el delito de trata de personas, considerado como especialmente grave”. Y es que la PGR “no operó una política específica” para atender este tipo penal.
La documentación del desastre de la Procuraduría, hoy encabezada por Raúl Cervantes Andrade y antes por Arely Gómez González, llega al detalle. Justo es decir que las irregularidades que exhibe la ASF corresponden a todo 2015 y, en algunos aspectos, hasta julio de 2016, tiempo en que estuvo al frente de la PGR la señora Gómez.
La Procuraduría “no participó en la elaboración de programas de prevención del delito de trata de personas”; tampoco “acreditó la promoción de acciones de armonización legislativa de los tipos penales vinculados con la materia”. Ni siquiera dio seguimiento al “estado en que se encuentran los procesos penales”.
Así, la PGR mantenía pendientes, a principios de 2016, hasta 809 averiguaciones previas por el delito de trata de personas. De un total de 1 mil 341 averiguaciones previas para trámite en el periodo de 2013 a 2016, sólo 532 habían sido determinadas. Y de las 532 determinadas sólo 165 habían sido consignadas, sin que pudiera conocerse cuántas habían sido con detenido y cuántas sin detenido. Además, en 206 de las averiguaciones previas determinadas, la PGR estableció incompetencia y en 89 el no ejercicio de la acción penal.
El compromiso del Estado mexicano para combatir la trata de personas no sólo es con sus habitantes. En 2003, firmó el Protocolo de Palermo y se comprometió a legislar en la materia y a la armonización normativa de las entidades federativas con el combate a toda forma de explotación humana. Cuatro años después, en 2007, se publicó en el Diario Oficial de la Federación una reforma al Código Penal Federal para incorporar el primer tipo penal de trata de personas. A finales de ese mismo año se expidió entonces la Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas.
En el lento proceso del Estado mexicano para cumplir con lo firmado internacionalmente, a principios de 2008 creó la Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia y Trata de Personas (Fevimtra) y la Unidad Especializada en Investigación de Tráfico de Menores, Personas y Órganos (UEITMPO).
Hasta julio pasado, sólo 14 estados habían armonizado sus legislaciones con el tipo penal de trata de personas. De las restantes, cinco estaban parcialmente armonizadas y 13 no habían sido armonizadas en lo absoluto.
El abandono viene desde el sexenio anterior, el de Felipe Calderón. El equipo de Peña Nieto, al asumir el poder, había realizado un diagnóstico de cómo recibía a la PGR en materia de combate a la trata de personas. Encontró “insuficiente atención, protección y asistencia a las víctimas”, además de “deficiente procuración, investigación y persecución efectiva de dichos delitos”, como se lee en el Programa Nacional para Prevenir, Sancionar y Erradicar los Delitos en Materia de Trata de Personas y para la Protección y Asistencia a las Víctimas de Estos Delitos 2014-2018. La administración de Peña Nieto ha entrado a su última fase y la situación sigue igual… o peor.
¿De qué sirven los “análisis” de determinados problemas si no se hace nada realmente para solucionarlos?

martes, 2 de mayo de 2017

Problemas raciales en la historia de Cuba

Cuba tiene una población actual aproximada de 12 millones de habitantes. La información publicada por el gobierno cubano en el Censo del 2002 establecía una distribución racial donde el 65 % pertenece a la raza blanca, el 10 % a la raza negra, un 24 % de mulatos y un 1 % para aquellos de orígenes asiáticos. Los negros y mulatos constituyen, a partir de esta clasificación, más de un tercio de la población.

En pasadas semanas, el debate sobre si había o no discriminación racial en Cuba ha sido reabierto por intelectuales nacionales y extranjeros.[1] Para algunas personas, pudo resultar inexperado que una pregunta como esta aún se hiciera en referencia a Cuba cuya política exterior en los últimos 50 años de igualdad social y eliminación del racismo han sido dos de los más importantes pilares del gobierno. Un breve recuento de cómo el tema racial ha sido abordado durante los diferentes momentos de la historia de Cuba puede constituir uno de los tantos medios para acercarse al problema y analizar si existen o no motivos para tales cuestionamientos.
Raíces históricas de segregación, discriminación y miedos.
Los primeros hombres de la raza negra fueron llevados a Cuba desde Africa en el siglo XVI. Ellos reemplazarían el trabajo de los aborígenes cubanos, quienes resultaron extintos apenas 50 años después de la conquista y colonización de la Isla. Su mano de obra se concentraría principalmente en los campos de caña de azúcar. Este sector se convirtió en el motor económico de la colonia, por lo que el número de esclavos aumentó rápidamente para satisfacer la demanda de mano de obra. Las malas condiciones de vida, así como la explotación a la que estaban sometidos, provocaron que los esclavos llevaran a cabo levantamientos locales contra los dueños de las plantaciones, los cuales fueron mayormente sofocados por la fuerza. La sociedad esclavista cubana identificó en esta actitud del esclavo al “Negro Rebelde”, de forma que los africanos comenzaron a constituir una amenaza para las elites blancas que los sometían. La superior fuerza física de los esclavos aumentaba su apariencia peligrosa entre los esclavistas.
Durante la Revolución Haitiana de 1791, las plantaciones de caña de Haití fueron destruidas y Cuba se convirtió en la primera colonia productora de azúcar del mundo. Esto requirió la importación de más esclavos. No obstante, durante el mismo levantamiento, un gran número de propietarios y capataces fueron asesinados junto con sus familias, y la sociedad blanca de la Cuba colonial se percató de que ellos se pudieran enfrentar a una situación similar si el número de esclavos se mantenía aumentando en la misma proporción[2]. El Censo de 1792 demostró que, en efecto, la población  negra era ligeramente superior que la blanca, y que duplicaba el número de esclavos registrados en el censo de 1744[3]. Como resultado, el gobierno colonial promulgó la Real Orden del 21 de Diciembre de 1817 para promover la immigración blanca hacia la Isla[4]. Esta política pretendía balancear la diferencia de número existente entre ambos grupos raciales, y prevenir que Cuba se convirtiera en una nueva Haití. Aquellos que deseasen inmigrar hacia Cuba debían ser Católicos Cristianos. Se convertirían en ciudadanos españoles, estarían excusados de pagar el diezmo y estarían autorizados a portar armas. En consecuencia, varias ciudades y pueblos se crearon en el territorio central de la Isla con una población predominantemente blanca. Sagua y Cienfuegos son dos de ellas. En 1842, el gobierno colonial hizo un nuevo censo en Cuba donde, convenientemente, la concentración de población blanca resulto ser mayor que la africana. Algunos historiadores creen que los números fueron modificados por las autoridades para mostrar predominio racial blanco en Cuba[5].
Otra medida legal tomada a inicios del siglo XIX fue la prohibición de contraer matrimonio entre personas de razas diferentes, evitando la mezcla racial que el panorama demográfico de la isla comenzaba a manifestar.
En el siglo XIX, los habitantes negros de Cuba comenzaron a ser identificados con los peores comportamientos, y llego a ser evidente que se consideraba que todos los defectos morales en la sociedad cubana provenían de los esclavos. Hay múltiples ejemplos en la literatura que muestran como esta discriminatoria e injusta situación persistió durante todo el siglo. Por ejemplo, Aline Helgs cita una frase de la época que plantea: “la prostitución de la isla, la criminalidad, la superstición y la falta de industria se originaron en el mulato lujurioso, el negro ñañigo, el africano fetichista y el negro vago”[6].
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Los esclavos podian ser manumitidos por sus amos. Esta práctica transformó a los esclavos en dependientes de sus amos blancos en una ideología en la cual los “buenos” blancos liberaban los esclavos africanos de su situación como un acto de benevolencia. El negro, por lo tanto, se suponía que se ganara el derecho a ser libre a través de su trabajo y después agradecer al dueño por su bondad. Esta es la idea de la generosidad blanca y la gratitud negra que trata de explotar al negro al mismo tiempo que lo somete.[7] Esta doctrina solo trataba de desarrollar la sumisión racial y perpetuar la dominación de un grupo sobre otro.
Siguiendo el ideal de liberación, los negros esclavos participaron en las guerras por la independecia entre 1868 y 1898. Los movimientos independentistas tuvieron un doble significado para ellos pues no solo luchaban por la independencia de Cuba, sino por su manumisión. Algunos de los líderes independentistas más importantes de Cuba eran descendientes de esclavos, o esclavos liberados, y su participación en las guerras fue decisiva. La esclavitud fue finalmente abolida en Cuba el 13 de Febrero de 1886. No obstante, muchos oligarcas cubanos y líderes de las tropas independentistas hicieron siempre evidente su racismo. Esta situación es ampliamente descrita por Aline Helg en su libro Nuestra Justa Parte[8]. El mejor ejemplo posiblemente sea cuando la escuela de antropología cubana de la república temprana pretendió establecer que el gran General de raza negra, Antonio Maceo, era más blanco que negro basado en un estudio anatómico de sus estructuras óseas y sus rasgos faciales. Eso después que otros medios le acusaran de haber pretendido crear una tiranía militar de raza negra al estilo de Haití; y otros de haber pretendido reducir su partición, más que decisiva, en la gesta independentita cubana[9].
Durante los primeros años del siglo XX, la cultura africana fue reconocida como una parte de la identidad nacional cubana, pero al mismo tiempo fue segregada y considerada como depravada en comparación con las “civilizadas” tradiciones españolas. En Una nación para todos, De la Fuente menciona la opinión de un influyente periódico de la época: “Esa es la gran  tragedia racial de Cuba: su creciente africanización.”[10]
Las constituciones cubanas de 1901 y de 1940 establecieron el principio general de igualdad, siendo todos los ciudadanos considerados iguales sin distinción de raza. No obstante, la situación de los negros cubanos era otra. Ellos no fueron aceptados como miembros de organizaciones sociales y clubs basados en excusas muchas veces ridículas, y su presencia fue reducida a los puestos laborales y ambientes sociales de menor reconocimiento social.
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Los 5 casos más sonados de discriminación racial en el mundo

La  discriminación racial  y étnica ocurre a diario a la vez que impide el progreso de millones de personas en todo el mundo. El racismo y ...